Recorriendo EDIMBURGO ENTRE LA NIEBLA

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Llegué a Edimburgo, la capital de Escocia, después de 3 aviones, y más de 16 horas de vuelo, casi 20 horas de viaje. Como me suele pasar después de viajes tan largos, llego en modo zombi, no estoy segura si tengo frío, calor, hambre, es una mezcla de sueño, desvelo, cansancio y desorientación espacio-temporal. Pero apenas me bajé del bus del aeropuerto, y durante la corta caminata hasta el hotel, lo que empecé a ver, hizo que me olvidara de todo eso.

Las primeras imágenes de la ciudad, no parecían reales.  Pensé que había quedado atrapada dentro de una novela de Sherlock Holmes. Si así era la primera postal, no me podía imaginar lo que me esperaría despúes. No podía esperar a dejar las cosas en el hotel y salir a conocer este lugar.

En Edimburgo, la historia convive con un paisaje imponente. Ambos se fusionan formando un panorama excepcional, difícil de olvidar. 

La ciudad es al mismo tiempo encantadora y tenebrosa. Es vibrante, y gris a la vez. La densa niebla, que la cubre -y nos cubre- completamente por momentos, crea una atmósfera misteriosa impresionante. Las calles son sinuosas, trepan, suben, bajan, desaparecen en la niebla. Cada recoveco nos transporta a otro tiempo, a una época impregnada de fantasmas, de brujas, de pestes, de novelas de magia y detectives. 

La mejor forma de recorrer Edimburgo, es caminando. La ciudad no es muy grande, y todo está relativamente cerca. La parte antigua, está construida en diferentes alturas, por lo que acceder a ciertas zonas, requiere subir pendientes o escaleras. Puede ser un poco cansador, pero las piernitas volverán más tonificadas. Tomarlo con calma, y descansar. Lo bueno es que las calles principales, están en un sólo nivel, y el recorrido es sencillo.

Personalmente me hubiera gustado explorar más el paisaje que rodea la ciudad, que es realmente imponente, pero el clima no acompañaba. Llovía, llovía, y llovía…y llovía… Igualmente fue el clima ideal, para sumarle encanto.

Cuando cae la tarde, la ciudad se torna irreal. Una densa bruma baja hasta el nivel del suelo, y es como si estuviéramos caminando adentro de una nube. Las gotitas de humedad se pegan en la cara, y las mismas calles que caminamos unas horas antes, nos parecen irreconocibles. Parece que hicimos un salto cuántico, y llegamos a una ciudad diferente. Caminamos hasta que anochece, porque no queremos perder ni un detalle de ese panorama espectacular y espectral…

Recorriendo Edimburgo entre la Niebla

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