VISITANDO LA MAGICA STONEHENGE

Amanecí en Londres el día de mi cumpleaños. La ciudad me regaló un espléndido día de sol, algo poco usual. Con madre, decidimos poner rumbo a Stonehenge. En mi bucket list siempre había estado este lugar, sin embargo, por una cosa u otra, nunca llegaba el momento de ir. Pero los astros parecían haberse alineado esta vez, y qué mejor día que éste. Como en general, este viaje casi no tuvo planificación previa, consideramos la opción más práctica, rápida y económica: tomar el servicio directo de ida y vuelta, que salía cerca de donde estábamos. Hubiera sido ideal hacerlo por nuestra cuenta, y a nuestro propio ritmo. Pero dados los costos elevados de esta segunda opción, y el tiempo adicional que requería, decidimos que el slow travel quedaría para otra ocasión.

Aunque visitar este sitio arqueológico, había estado en mi lista de deseos desde hacía mucho tiempo, reconozco que no tenía demasiadas expectativas acerca de este lugar. Probablemente influenciada por todos los que ya habían estado, que me decían que eran unas simples piedras, y que no entendían tanto alboroto alrededor de este sitio.

Con esta idea preconcebida en mente, salimos de Londres, sentadas en el primer asiento de un moderno bus, con una fantástica visión panorámica.  Antes de dejar la ciudad, tenemos la oportunidad de pasear por varios barrios céntricos y ver una Londres de sábado por la mañana, soleada, alegre y bulliciosa. Ya rumbo a Wiltshire, atravesamos los pintorescos suburbios de la ciudad, para adentrarnos en la campiña inglesa. A medida que avanzamos, las construcciones se vuelven cada vez más esporádicas, algunos caseríos típicamente ingleses salpicados a uno y otro lado del camino. Más adelante, el paisaje animado de la ciudad, los pueblos, y la ruta, poco a poco le va cediendo el paso a un panorama bucólico, de campos verdes y amarillos, extendidos como alfombras, a lo largo de kilómetros.

Hasta que de repente, algo cambia. No podríamos decir qué sucedió exactamente, pero en un punto del camino, el ritmo se desaceleró. El paisaje se volvió más sereno, calmo. La atmósfera se impregnó de una energía diferente, como enigmática. Aunque todavía faltan un par de kilómetros para llegar, tenemos la sensación de que aquellas piedras perpetuas están irradiando su poder desde lejos. Como si su magnetismo se proyectara a la distancia, llegando hasta la carretera por donde estamos circulando. Se puede palpar. El sol cede ante una leve llovizna, y el cielo se torna gris plomizo. Parece que el camino nos está preparando para un encuentro trascendental.

Visitando Stonehenge desde Londres

Llegamos. El bus estaciona en una playa cercana al nuevo centro de visitantes. Este pabellón, a diferencia del anterior, está ubicado a más de dos kilómetros de las piedras, por lo tanto, no se tiene ninguna visión del sitio arqueológico desde aquí. Bajamos del bus, y sopla una brisa fresca. En el aire hay un aroma a lluvia de verano, el ambiente es apacible, silencioso, interrumpido sólo por el sonido de las hojas de los árboles y de nuestros propios pasos.

Atravesamos el centro de bienvenida, y seguimos las indicaciones para abordar un trencito, que nos llevará hasta el pie de las ruinas. Prácticamente no hay gente, así que subimos enseguida al tren, que de manera pausada, comienza a adentrarse en la campiña.

Luego de unos minutos andando por el medio del campo, a lo lejos, comenzamos a divisar el contorno de las piedras, levantadas como monumentos, en medio de la verde inmensidad. A medida que nos acercamos, el tamaño de los bloques va tomando otra dimensión. Cuando el tren se detiene, bajamos. Todavía estamos un poco lejos y falta una caminata. En ese momento, empecé a sentir cierta ansiedad y un poco de taquicardia. Como si me estuviera por encontrar con alguien significativo, que hace mucho tiempo que no veo.

Empezamos a acercarnos caminando por uno de los senderos, y a medida que avanzamos, todo el escenario que tantas veces había visto en imágenes, se va desplegando y materializando frente a nosotros. Después de unos minutos, nos encontramos inmersas dentro de esa postal, que ya no es una foto, es real.

Finalmente, estamos a sus pies. Ahí están, los enormes bloques de piedras, erguidos, imponentes, irradiando todo su poderío. En ese instante me invadió una profunda emoción. Sin poder controlarlo, no pude evitar largarme a llorar. Lentamente, empiezo a caminar, siguiendo el trazado de toda la circunferencia. Para mi propia sorpresa, inexplicablemente, no puedo dejar de llorar. Angustiosamente, sin consuelo.

Di la vuelta completa varias veces, durante más de una hora, suspendida en el tiempo, como un satélite, absorbida por el centro de gravedad del conjunto. Me hubiera quedado dando vueltas ahí, satelitando, semanas, meses, años. Si no fuera porque inevitablemente, se acerca la hora de irnos.

Visitando Stonehenge desde Londres

Mientras desando el camino de regreso, miro hacia atrás, varias veces, para contemplar la escena una vez más. Me cuesta alejarme del lugar, caminando hacia delante, sabiendo que la visión del monumento todavía está a mis espaldas. Es como si estuviera despidiendo a alguien a quien no sé si algún día volveré a ver. A medida que nos alejamos, el contorno se va haciendo cada vez más pequeño. Hasta que las ondulaciones del terreno, terminaron por ocultar toda la estructura.

Volvemos a tomar el tren, en silencio, y creo que me mantuve así, hasta llegar a Londres.

Al día de hoy, existen sólo conjeturas acerca de cómo llegaron allí los bloques, quién los erigió, o con qué finalidad. En lo que a mí respecta, después de esta experiencia, no podría decir que se trata de unas simples piedras. Me hipnotizaron, me envolvieron con su hechizo, y me conmovieron profundamente. Sorpresivamente, nos reencontramos, el día de mi cumpleaños, después de mucho tiempo.

COMO LLEGAR A STONEHENGE DESDE LONDRES?

Si no cuentas con vehículo propio, puedes tomar alguno de los servicios directos express entre Londres y Stonehenge. El precio va de 30 a 44 libras por persona según la temporada, e incluye la entrada al sitio. El viaje dura aproximadamente 4 horas, repartidas entre ida y vuelta, además de unas dos horas o un poco más, dentro del complejo. Hay que considerar entre 6 y 7 horas en total. Si bien esta opción es muy práctica y más económica que otras, la desventaja es que hay que atenerse a los horarios estipulados. Lo cual puede ser un límite si quisieras quedarte más tiempo disfrutando del lugar.

Si tienes suficiente tiempo, y prefieres hacerlo a tu ritmo, puedes optar por tomar el tren o un bus hasta la ciudad de Salisbury. De allí un taxi hasta las ruinas, o bien el bus turístico que tiene paradas en la estación de trenes y en la estación de buses. Este bus tiene una ventaja adicional, ya que recorre la pintoresca ciudad de Salisbury, con su importante Catedral. Y adicionalmente, camino a Stonehenge, hace una parada en Old Sarum, otro complejo arqueológico de gran importancia. Esta opción es más completa que la anterior. Requiere más tiempo, y un presupuesto superior.

Otra opción, es contratar un tour programado desde Londres. Varios operadores realizan el tour diariamente. En general, se combina con visitas a otras ciudades, como Bath, Oxford, o Windsor. También existe la posibilidad de hacer tours privados, con la opción de ingresar a Stonehenge en horarios como el amanecer o el anochecer, cuando no está abierto al público en general.

También se puede llegar en bicicleta, ya hay racks adecuados para dejarlas.

EL NUEVO CENTRO DE VISITANTES DE STONEHENGE

El nuevo centro de visitantes de Stonehenge, se inauguró a fines de 2013. A diferencia del anterior, desde este lugar, no se tiene ninguna visión del monumento. Una acertada planificación, teniendo en cuenta las críticas que despertaba el anterior, cuyo estacionamiento estaba prácticamente pegado a las ruinas.

Este centro está compuesto por dos alas. El ala izquierda, vidriada, acoge un café y una tienda. En el ala derecha, hay un pequeño museo, que alberga una exhibición, compuesta por casi 300 objetos arqueológicos que han sido rescatados del lugar y que por primera vez se exhiben al público. También se cuenta la historia del lugar, a través de un recorrido audiovisual.

En el exterior, hay una exhibición al aire libre, que muestra una reconstrucción de chozas del período neolítico, donde es posible observar cómo era la vida de los habitantes del lugar hace 4500 años.

Desde el centro de visitantes, parten los vehículos que acercan a las ruinas. El trayecto dura aproximadamente 10 minutos. Se puede solicitar bajar a mitad de camino para hacer el último tramo caminando. Hay diferentes senderos habilitados, a través de los cuales se pueden explorar las inmediaciones del monumento. En el camino, podrás detenerte en varios puntos de interés, para observar algunos restos arqueológicos. La distancia total desde el centro de visitantes hasta las ruinas, es de casi dos kilómetros y medio. Si decidieras hacer la totalidad del trayecto caminando, sólo hay que tener en cuenta, que caminarás atravesando el campo abierto.  En este caso, considera llevar la vestimenta y el calzado adecuados, paraguas, y cualquier otra cosa que puedas necesitar. Porque estarás en el medio del campo, y una vez que sales del centro de visitantes, no hay ningún tipo de refugio o infraestructura. Si el clima es adverso, puede que esta opción no esté habilitada.

En los senderos hay algunos asientos, y el sitio también es apto para personas con movilidad reducida. No está permitido acercarse al interior del círculo o tocar las piedras. Pero hay tours privados, especiales que permiten hacerlo.

El costo de la entrada (2014) es: 13.90 libras para adultos, 8.10 para menores de 5 a 15 años, 12.50 para jubilados y estudiantes. Los pases familiares, para 3 adultos y 2 niños, cuesta 36 libras.

El sitio esta abierto todo el año, excepto para Navidad.  El horario es de 9 a 17, y hasta las 19 en verano, pero es probable que varíe según la época del año, por lo que conviene consultar previamente en la página web. El último acceso, se permite hasta dos horas antes del horario de cierre.

En temporada alta, sugieren comprar el ticket previamente por Internet, para asegurarse un lugar. Este sistema de reservas es con horarios y requiere llegar puntualmente. Puedes llevar el ticket impreso, o imprimirlo allí en los kioscos habilitados.

Si has comprado la entrada con anticipación, y vas con vehículo propio, el estacionamiento es gratuito. Si las compras al momento de llegar, el estacionamiento tiene un costo de 5 libras, que luego son devueltos.

La admisión incluye el audio guía en el idioma que elijas. También es posible descargar el audio desde la página web, pero está disponible sólo en inglés.

 

Para más información:

Página oficial de Stonehenge

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