Recorrer Londres, es recorrer muchas Londres simultáneamente. La medieval, la victoriana, la georgiana, la moderna, la futurística, se superponen y se fusionan, haciendo del recorrido una experiencia multidimensional.

Los castillos conviven con los rascacielos. Los caballeros medievales con los hipsters. Los carruajes reales, con los buses eléctricos. Lo antiguo y lo moderno se vinculan en una trama que no recuerdo haber visto en otras ciudades.

Vuelvo a Londres, después de muchos años, y la encuentro muy diferente a la última vez que la visité. Me asombra cómo esta ciudad no deja de reinventarse. Aunque temo un poco que el protagonismo que está tomando la Londres futurística, borre definitivamente los vestigios de las Londres anteriores. Desde el margen opuesto del río, me cuesta delinear el contorno de la Torre, acorralada por una decena de rascacielos.

La Londres actual, es multicultural y joven. Pareciera que los adultos mayores y los niños, se han ido. Incluso pareciera que los mismos ingleses se han ido. Es como si aquél típico ambiente “british” que solía  impregnar la ciudad, se hubiera diluido un poco, para abrirle paso a una diversidad cultural y globalizada, que me recuerda bastante a New York. Encuentro algo de espíritu neoyorquino en Londres. Aunque ese aire de elegancia y refinamiento que en Nueva York parece forzado, aquí se da de manera natural.

Me alegra ver que los clásicos taxis negros, aún resisten el paso del tiempo. Aunque en versiones actualizadas, al igual que los buses rojos de doble piso y las cabinas telefónicas. Mientras recorro esta Londres actual, tengo la sensación de que poco va quedando de aquella mística que solía envolverla

Pareciera que todos los personajes, que han pasado por estas ciudad, tanto históricos, como ficticios, todavía vagan por ahí, como espectros que no se han ido. Y que venidos de distintas épocas y espacios, nos hacen señas, a través de la neblina, aquí y ahora. Mientras camino por Londres, siento que paso de la realidad a la ficción, y que viajo en el tiempo, hacia delante y hacia atrás constantemente. Me encanta esta ciudad.

Los londinenses son exageradamente  amables y respetuosos. No estoy segura si es una actitud natural, o un poco actuada, pero se agradece. El transporte público funciona muy bien. Todo es puntual, limpio, organizado e impecable. Los londinenses igual tienen la costumbre de quejarse. Viviendo en una ciudad que tiene problemas estructurales y sociales graves, y donde los servicios de cualquier tipo no funcionan, me da ternura ver que alguien pueda quejarse de lo que para mí es una organización extraordinaria. 

 

Y no. No fui a Notting Hill. Otra vez no fui…

Como buena freaking controller, quisiera conocer cada rincón de cada ciudad. Pero no se puede. Entonces, me rindo a lo que es. Aunque sigo elaborando listados –mentales y escritos- con lugares que quiero visitar, no logro cumplirlos en absoluto. Los viajes se me están volviendo cada vez más profundos, y más significativos. Lo que deja muchos lugares «que deberían visitarse», en el archivo.

Una pregunta que suelo hacerme, y que adoptamos cuando viajo con madre es: podemos vivir sin…? Si la respuesta es sí, eso nos da una gran libertad. Puedo vivir sin Notting Hill? Yes, absolutely.

En cambio, conocí Chelsea, un barrio al que no había ido anteriormente. Con un pasado bohemio y punk, hoy es ultra elegante y chic. Un oasis, embriagado de rosales, y cerezos en flor en primavera. El cerezo en flor es mi objeto favorito del mundo -«el cerezo en flor, es el objeto más lujoso del mundo», dice Bono. Y yo coincido. Así que no pude contener mi emoción al ver toda esa exuberancia.

También hice algunas «turistadas», y las disfruté mucho. Me senté en el primer asiento del piso superior de un bus rojo y recorrí la ciudad de noche para verla iluminada.

Paseé por la rivera del Támesis, de noche y de día. Crucé los puentes iluminados. Fui a Harrods. Recorrí la curvatura de Regent Street una de mis calles favoritas. Anduve por Carnaby Street y Covent Garden. Le saqué fotos a la Torre y al Big Ben. Tomé el metro, el bus, y caminé sin parar a toda hora bajo la lluvia y bajo el sol (sí, increíblemente salió el sol).

Cené fish and chips en Camden Town para festejar mi cumpleaños, mientras una banda de jazz y toda la gente que estaba en el restaurante me sorprendía cantándome Happy Birthday, mientras yo no podía parar de llorar.

Y en vez de ir a conocer nuevos lugares, repetí algunos, simplemente porque tenía ganas de verlos otra vez.

Disfruté muchísimo Londres. Las muchísimas Londres. La que no estaba en mi lista, se transformó en una de mis ciudades favoritas.

Y no, no fui a Notting Hill…

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Ana Clementina Raschelli de Ferraris

    Hola estimados viajeros y soñadores de viajes !!!! Comparto con Clementina (mi tocaya) , el temor de que Londres pierda completamente su tradicional estilo, para verse sumergida y desdibujada por las moles de vidrio. En mi segunda visita, observé con pena cuántos edificios tradicionales, y hasta Pubs, habian desaparecido. Y cómo remodelaron Covent Garden, cubriendo sus columnas , paredes y techos con paneles brillantes.
    Un saludo a todos y… buenos viajes .
    Ana Clementina

    1. Clementina

      Hola Clementina!

      Muchas gracias por tu mensaje.

      Qué pena lo que cuentas. He leído por ahí que los mismos ingleses se están quejando de la falta de control, y de criterio. Parece que los intereses económicos pueden más…

      Saludos!

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